jueves, 8 de febrero de 2018

Decime quién sos y te diré con quién vas a andar

Que no amanezca nunca más. 
Que la soledad y el silencio de este momento se queden conmigo para siempre. 
Que la violencia de existir me deje (mal o bien) parado en este balcón infinito que amplifica todos los balcones. 
Quiero ser cada instante. Dejar que la suave brisa de la noche me bañe de su dolor,  que acaricie mi cara. Yo que a las cuatro de la mañana de un martes soy capaz de abrir un vino y celebrar. De poner a Rachmaninov y decirle al infinito que también soy eterno como lo es el miedo y el azar. 

Que no haya muerte. Que los destinos que enmascaramos, que todo aquello que quisimos y querremos, se vuelvan niebla entre la niebla, y nos confundamos lo simple con lo trascendental. 
Vuelvo a ser las cenizas de mi mismo y espero enterrar esta férrea masa gris sobre la tierra húmeda y que la lluvia me bendiga o me condene -que más da- pero al final crecer eréctil sobre mis pecados y mis devociones. 

Que no amanezca.
Que sea eterna la vida y este instante de misericordiosa auto-condescendencia.
Que la noche me enseñe a llorar otra vez, como cuando la angustia era madera y luego fuego y no esta cruz sobre mi espalda gastada y manchada...

     Pero está amaneciendo. Es el tiempo, o aquello que llamamos tiempo, lo que nos desborda, aquello que no podemos abarcar ni aprehender. Y las notas se ponen más graves, y el vino sabe a sombra y a desconsuelo. 

      Mi ventana es El Arca Rusa. Rachmaninov me destroza como me ama. Un piano saltando entre un cielo y otro, el delirio de unos violines venideros, tan violentos y sensibles, capaces de destrozarlo todo. 

Yo acá. Allá, nada más.
Yo acá muriendo, viviendo, bebiendo la vida.
Allá, nada más. 
Que me destroce el ahora o que se prepare para mi, para eso que llamamos destino. 
Que no haya suerte. Todo lo demás está en la palma de la mano, ni escrito ni maldito, todo allí, borrándose circunstancial y perpetuamente. 

Nos estamos borrando para siempre ¿lo podés creer?








Decime quién sos y te diré con quién vas a andar

Que no amanezca nunca más.  Que la soledad y el silencio de este momento se queden conmigo para siempre.  Que la violencia de existir me d...